viernes, 9 de abril de 2010

Cusco, Ombligo del Mundo

Para decirlo con una frase, el Cusco es la ciudad colonial más bella del continente. Cosmopolita y tradicional, fresca e irreverente, seductora y cautivante como pocas. No por nada fue el centro del mundo de la cosmovisión andina y ciudad principal de la Colonia. El Cusco es una ciudad forjada entre lo incaico y lo europeo. Su arquitectura monumental la convierte en una excelente muestra de la amalgama de culturas que conforma el rico mestizaje de nuestro país. Muros de piedra de palacios incas y las mejores pizzas de Sudamérica, mochileros llegados de todo el mundo caminando junto a varayocs procedentes de comunidades donde no se habla en español.
Cusco

El Cusco es una de esas ciudades donde es posible encontrar un pasado vivo, una historia cautiva entre sus muros y sus templos, y hasta en la gente que la puebla. Aquí comenzó la expansión del Tawantinsuyo hace 800 años. Los incas la veneraron como ‘el ombligo del universo’, desde donde partían los caminos que unían los cuatro suyos o brazos del Imperio, que eran, a su vez, las cuatro esquinas del mundo. Desde esta ciudad, los gobernantes decidieron la vida de una nación inmensa y diversa como pocas y en su honor levantaron suntuosos palacios que han resistido el paso del tiempo.
Cusco

Hoy, los viajeros visitan el Cusco casi de manera obligada y emplean a la ciudad como centro de operaciones para sus recorridos en busca de las maravillas que se desparraman a lo largo de sus cuatro costados. La ciudad cuenta con una oferta hotelera tan rica como variopinta: desde hospedajes donde se consigue una cama por pocos dólares hasta hoteles donde se inyecta oxígeno para que los pasajeros duerman plácidamente sin incomodarse por la altura. La gastronomía cusqueña ha dado un vuelco importante en los últimos años, con un desarrollo dirigido a la fusión novoandina que alcanza niveles magistrales en algunos de sus más aclamados restaurantes.
Cusco

En esta ciudad y sus alrededores hay tanto que ver que serían necesarias varias semanas –y mucha energía– para tocar, al menos, los atractivos más sobresalientes. Templos, casonas, museos, palacios precolombinos, tiendas de artesanía fina, buena cocina, bares y discotecas y, sobre todo, un lugar para vagar disfrutando de esa atmósfera única donde se es ciudadano del Cusco sin importar de dónde se llega ni el tiempo que uno desee quedarse. ¡Bienvenido!

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